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Nuquí un territorio ejemplar

Nuquí un territorio ejemplar

 

En Nuquí la pobreza no se mide en escasez de dinero, sino en falta de actitud. Aquí no hay espacio para los que se victimizan. Por el contrario, sus habitantes son ejemplo de emprendimiento, y un referente de cómo el trabajar en comunidad logra cambiar paradigmas.

 

Los nuquiseños conocen su territorio mejor que nadie, y entienden que trabajar sus recursos de manera responsable es el camino más seguro a un desarrollo sostenible. Es así como han encontrado en el turismo y en la pesca artesanal, dos fuentes de ingreso, rentables y respetuosas con el medio ambiente. Nombres como Josefina Klinger y Oscar Saya han ido convirtiéndose en protagonistas de la historia de este municipio, y un referente de emprendimiento para sus 7.366 habitantes.

Ambos dedican cada minuto del día a promover y trabajar por Nuquí. Su esfuerzo ha tenido eco a lo largo y ancho del país. Ellos se sentaron a hablar con la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional, APC-Colombia, sobre su trabajo, y explicar en qué medida la cooperación internacional es una herramienta de crecimiento para cada una de sus actividades.

Josefina Klinger

“Mi espíritu vibra más trabajando en pro del bien común, que capitalizándome de manera individual”.

Cuando Josefina habla, todo el mundo le pone atención. El ímpetu con el que se expresa, y la determinación con la que pronuncia cada palabra, resulta hipnotizante. A ella la vida le ha enseñado que para que los cambios sucedan, hay que trabajar por ellos. ¿Su secreto para salir adelante? Mantener sus principios intactos. Cuando tenía 25 años ya era madre soltera de dos hijos, y como lo dicta la tradición en esta región, cuando los hombres se separan de su mujer, se separan también de sus hijos, así que era su responsabilidad sacarlos adelante.

Lo hizo sin doblegar su moral. “En esa época para conseguir un trabajo, primero tenías que ir a la cama con esa persona”, y Josefina no estaba dispuesta a participar en dicho juego. “Yo le decía a Dios que si había mantenido mis escrúpulos, me tenía que dar la posibilidad de conseguir un trabajo digno”. A los tres días una amiga la llamó y le ofreció que regresara a Nuquí que le tenía un trabajo. “Yo le dije que al último sitio donde se me ocurriría criar a mis hijos sería a Nuquí, porque ahí solo viven los fracasados”.

Para su sorpresa, aquel lugar que tildaba de inhóspito, terminó ofreciéndole no solo un trabajo, sino todo un estilo de vida diferente al que había llevado por 25 años. Conoció al médico rural del pueblo de quien se enamoró y quien le ayudó a subir su autoestima. Con ayuda de un empresario que invertía en la zona comenzó a trabajar en una droguería. Su estabilidad había llegado. Y aunque era feliz, algo alrededor la frustraba. Ver a las mujeres del pueblo completamente disminuidas, sin derecho a opinar, la llenaba de rabia. Así que Josefina decidió volverse su voz.

“En la droguería prácticamente regalaba las medicinas, había días que en lugar de abrirla me iba a tapar algún hueco en la calle o a alguna reunión de líderes comunitarios”.  A pesar de las críticas por parte de los hombres, e incluso, de las mismas mujeres que no entendían cómo se ponía al mismo nivel de ellos, Josefina comenzó a trabajar por el desarrollo de Nuquí, y creó la Fundación Mano Cambiada en el año 2006. Aquí se llevan a cabo proyectos sociales y económicos relacionados con niñez, juventud, cultura y medioambiente a través del ecoturismo, que es visto como un sistema integrador que genera desarrollo local. Desde entonces le ha puesto el pecho a la realización del Festival de la Migración Pacífica, una invitación para conservar y admirar las bondades de la región.

“Mi formación como líder se ha dado gracias a la cooperación internacional, a la investigación de la biodiversidad, a la dinámica social. Nuquí es un colectivo de comunidades negras e indígenas, lo que hace que su dinámica social sea bastante particular”. A través de la gestión de APC-Colombia, el año pasado los niños de Nuquí recibieron donaciones en especie, gracias al apoyo de Mano Cambiada.

“Esto ha funcionado porque nos han respetado como líderes, nuestra relación se establece desde la confianza. La cooperación no siempre es dinero, es contacto, es gestión. Cuando el donante viene a nuestra tierra y ve de primera mano lo que hacemos y cómo lo hacemos, la relación es diferente”, afirma Josefina con orgullo.

Oscar Saya

“A través de un trabajo concertado y participativo hemos logrado cambios importantes en nuestro municipio”.

Esta frase resume y explica la sonrisa que tiene Óscar cada vez que habla de Nuquí, y la pesca artesanal. Por años ha sido una de las mayores fuentes de ingreso de este municipio, pero se ha visto amenazada por la pesca industrial, donde los barcos no solo invaden los espacios de trabajo de los pescadores, también se llevan la producción del día.

Este panorama se presentó casi 20 años, por lo que Oscar y un par de colegas decidieron que no se podían quedar de manos cruzadas, y crearon el GICPA (Grupo Interinstitucional y Comunitario para el Desarrollo de la Pesca Artesanal). Sin tener muy claro cómo funcionaba, empezaron a trabajar con ayuda de la comunidad y de la institucionalidad pública y privada, en el desarrollo de un ordenamiento pesquero.

Fue así cómo descubrieron que podían solicitar la declaratoria de una zona exclusiva de pesca artesanal, garantizándoles así su derecho al trabajo y a la alimentación. “Es la primera declaratoria de este tipo que se firma en el país, ya lleva tres años funcionando y cubre desde el límite norte del parque Utría hasta la frontera con Panamá”, explica Óscar. Ahora la pesca industrial de arrastre tiene un área delimitada, sólo pueden trabajar cinco meses al año con cuota de captura.

Este logro está teniendo incidencia regional. Lo que hemos hecho se puede compartir a diferentes públicos en otras regiones. Con esto en mente Oscar organizó con ayuda de Procasur, los Territorios de Aprendizaje en Nuquí. El primero lo hizo con personas de la Guajira que fueron al territorio a ver qué estaba pasando y se volvieron muy motivados a seguir pedaleando sus procesos de organización y ordenamiento.  “APC-Colombia sería un aliado estratégico de este proyecto porque ambos creemos en el poder del intercambio de experiencias. Aprender desde ambas partes”, explica Oscar. Una motivación más para seguir transformando realidades en la región y por ende, en el país.

Tanto Josefina como Oscar son un ejemplo de los líderes de cambio que están creando país a través de proyectos en su comunidad. Su capacidad de soñar con un futuro diferente, ha permitido transformar la vida de muchas personas. Son ellos los principales aliados de APC-Colombia al momento de llevar cooperación a los territorios. Personas como ellos son los héroes de las historias de cooperación que se viven en el país.

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