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La paz para el que no ha sufrido la guerra

La paz para el que no ha sufrido la guerra

La otra parte del trabajo, más interesante aún para mí, era identificar y entrevistar a varios líderes de víctimas del conflicto armado con cuyos testimonios esperaba contrastar lo que encontraba en la revisión documental. Con apoyo de amigos en distintas zonas del país, había logrado ya varios contactos y en todos los casos me encontré con gente maravillosa que respondía con generosidad a mis preguntas.

Yo deseaba saber cómo veían ellos, las víctimas directas del conflicto armado colombiano, los avances en la construcción de paz en Colombia y qué pensaban sobre la participación política que se había dado a las víctimas en ese proceso, si es que sentían que se había dado alguna oportunidad de participación.

Tuve especial dificultad para contactar a un personaje que, según mis fuentes, era no solo líder de víctimas, sino un ser humano carismático y generoso al que las personas admiraban por su disposición de ayuda a los demás. Marqué varias veces su número celular sin obtener respuesta. En uno de tantos intentos, al fin respondió una voz al otro lado del teléfono. Solo pronunció una palabra…quizás un sonido…en fin, algo incomprensible para mí. Apurada, procedí a presentarme y a contarle el motivo de mi llamada: mi tesis de maestría sobre participación política de víctimas del conflicto armado.

Estaba entusiasmada esperando alguna reacción cuando me dijo que no escuchaba bien y colgó el teléfono. No volvió a responder en repetidos intentos que hice. Casi había desistido de incluirlo entre los testimonios para mi tesis; cuando, por azar del destino, una amiga me habló de él, pues Lo conocía personalmente desde hacía mucho tiempo.

Le comenté emocionada mis dificultades para contactarlo y mi enorme interés en poder entrevistarlo. Ella se ofreció a ayudarme y, en efecto, lo llamó y le explicó quién era yo y le dijo que lo de la tesis no era un invento: ¡Yo sí era una estudiante haciendo esfuerzos por graduarse!

Al colgar, mi amiga me contó que por esos días, ese líder de víctimas estaba siendo objeto de amenazas contra su vida; eso explicaba su desconfianza. Finalmente, logré entrevistarlo y me encontré con un ser humano único. A pesar de una experiencia de vida llena de momentos traumáticos en los que perdió a varios de sus seres queridos en medio del fuego cruzado de esta absurda guerra, ha sido capaz de mirar hacia adelante.

Me contó que, en su vocación de servicio al otro,  ha encontrado el refugio para superar los traumas de esas imágenes atroces que presenció en silencio, temblando a veces detrás de un árbol en el monte o debajo de una cama, en otros momentos desde distintos escondites que el momento de manera oportuna le brindada.

Me dijo que la mayor satisfacción de su vida era ver renacer la esperanza en el brillo de los ojos de otras víctimas; esa esperanza que llegó a los rincones más apartados del país de la mano del proceso de paz. Vivir sin temer permanentemente por la vida; vivir y poder contemplar despreocupadamente el amanecer y la puesta del sol.

Ese brillo de esperanza en los ojos de los más aislados, de los más discriminados, de los más necesitados, debería ser argumento suficiente para que los otros colombianos, aquellos que hemos tenido la suerte de vivir en la otra Colombia al margen de esa terrible guerra, empecemos a pensar en función del bien común; en pro de lo que nos conviene a todos los colombianos y contribuyamos, desde nuestras comunidades, desde nuestras oficinas, desde nuestras familias, y sobre todo, desde nuestro propio ser a construir un país en paz.

Es hora de ponernos en los zapatos de las víctimas para entender que la paz no significa lo mismo para quien ha sufrido la guerra que para quien la ha visto solamente en los medios de comunicación.


Martha Rocha
Por: Martha Cecilia Rocha Gaona

Soy psicóloga, con maestría en educación y en ciencias políticas. Me siento orgullosa de ejercer como servidora pública del Estado colombiano por más de 21 años.

Una de mis principales convicciones es que la confianza en el otro es la base para construir una sana convivencia; eso es lo que intento construir para mi vida. Me gusta servir a la gente, aportar un grano de arena al bienestar de la humanidad y al cuidado de la naturaleza y, de distintas formas, el servicio público me ha dado la oportunidad de hacerlo. Con muy contadas excepciones, las personas que he encontrado a lo largo de mi vida son gente buena, sencilla, honesta y cordial y por ello ¡me siento muy agradecida!

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Comentarios

Imagen de Milton Gonzalez

Excelente historia