Somos parie, somos Salado: la tierra que renace

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Miércoles, Febrero 15, 2017

La guerra está terminando. Mientras vemos a los guerrilleros que marchan a las zonas veredales como una metáfora de lo que será la Colombia del futuro, las comunidades que sufrieron en carne propia el conflicto muestran su renacer. Así vivimos el viaje a El Salado en Montes de María, un territorio fortalecido que nunca dejó de creer en un país en paz.

Somos parie, somos Salado: la tierra que renace

Amanece en Bolívar y nosotros ya estamos en carretera, atrás dejamos las murallas y el mar que encierran Cartagena para encaminarnos hacia el sudeste del departamento, el destino: Carmen de Bolívar, corregimiento El Salado. Sí, El Salado, ese lugar que, aunque muchos no puedan señalar en el mapa, trae a la mente de los colombianos la imagen viva del conflicto en Colombia, las muertes, la injusticia, el desplazamiento, la desolación. Este sería, por fortuna, un viaje para guardar esos recuerdos y crear otros nuevos, los de la esperanza y el renacer.

El próximo 18 de febrero se cumplirán 17 años de la Masacre de El Salado, una de las más conocidas en la historia del país por la crueldad de sus perpetradores y por retratar de forma voraz la realidad de la época. Era el inicio de un nuevo siglo y, mientras se finalizaban los diálogos de paz con las FARC, en su intento frustrado, el país vivía uno de sus años más violentos. 260 matanzas y más 1.500 víctimas marcaron el inicio del segundo milenio en Colombia.

Ese 18 de febrero, hace 17 años, en El Salado murieron 66 personas. 

Nos anunciaron el inicio del camino que nos llevaría, luego de horas de viaje, a nuestro destino. La carretera, una vía pavimentada por una empresa privada,  anunciaba un buen indicio de lo que encontraríamos más adelante. Niños de colegio en sus clases de educación física trotando en la vía señalizada y personas saludando a nuestro paso fue la puerta de entrada a un lugar acogedor que recibe a propios y extraños para mostrarles con orgullo cómo es su vida después de la guerra.   

El Salado

Llegamos a El Salado a eso de las 8:30 a.m., el sol empezaba a tomar fuerza. Claudia García, directora de la Fundación Semana, nos dio la bienvenida a la sede de la organización, un asentamiento donde decenas de colombianos han puesto la mirada  a lo largo de años para traer a la comunidad ideas y hechos de desarrollo. Junto a Claudia están los líderes, los que sufrieron el conflicto y hoy trabajan por la paz, todos miembros de una misma familia con el mismo camino por recorrer, todos enamorados de su tierra, incansables y luchadores que han traído esperanza donde algún día solo existía desolación.

Junto a ellos recorrimos las calles de El Salado, atravesamos la calle principal hasta llegar al puesto de salud y luego a las 100 casas que construyó el gobierno actual para las víctimas y sus familias. Seguimos caminando hasta llegar a la cancha de fútbol, un motivo de orgullo para los saleros, donde además se ha construido todo un espacio para el deporte y la  diversión en el que, según contaban, ya equipos de ligas femeninas profesionales del país utilizan para sus entrenamientos. En medio del recorrido Luis Torres, una de las víctimas más representativas de esta tragedia, señala la calle que representa el retorno a su tierra: “esa calle fue por donde retornamos casi dos años después de la masacre, llegamos con machetes a abrir camino porque ya la maleza se había apoderado de nuestras casas, no había quedado nadie, este era un pueblo fantasma”. 

“En El Salado se reconstruyeron la Casa de la Cultura y la cancha deportiva, escenarios ambas de torturas y asesinatos durante la masacre de 2000, y que hoy constituyen nuevamente lugares de encuentro, diversión y celebración de la población. En general, los lugares para el encuentro, la memoria y el perdón son vitales para generar espacios de paz”, se cuenta en “Construcción de la paz a partir del conocimiento”, una publicación que recopila  20 casos de paz en el país del portafolio Saber Hacer Colombia.

Conocimos la biblioteca, el jardín infantil, la fábrica de hamadoras y la casa cultural, lugares reconstruidos sobre la tragedia y logrados a partir del deseo de sus habitantes y el apoyo de cientos de entidades públicas y privadas que bajo el liderazgo de la Fundación Semana se unieron a esta causa, posicionándola como una experiencia para contarla al mundo. Cada paso por este lugar representa un recuerdo en la memoria de Colombia y un impulso en el deseo de no dar marcha atrás, de dejar atrás el dolor, de seguir construyendo y dar pasos agigantados hacia la Colombia soñada que ahora vemos más posible.

Las paredes de El Salado también cuentan historias. Al entrar al jardín de la iniciativa Aeiotú, en medio de los instrumentos y los libros que dan la bienvenida a esta sede, una frase llama la atención de todos: “Somos parie, somos comunidad, somos El Salao”. Parie (una forma de decir pariente o amigo), es como se ven todos aquí en El Salado, una familia que, aunque vivió los peores momentos, volvió unida y se fortalece con el tiempo, una familia que se abrió paso entre la maleza para asentarse y reconstruirse.

Cosechando agua

Desde 2014 la Fundación Semana puso la mirada en desarrollar un proyecto que lograra cambios en el abastecimiento de agua potable para la población, en especial, en zonas veredales de Montes de María. Iniciaron con una hoja de ruta en la que se identificaron necesidades y una evidente escasez de agua para riego y consumo. Es así como se crearon la Mesa técnica de agua, el Círculo del agua y el Fondo del agua, que se desarrolla en la actualidad. En la Mesa técnica, liderada por el Ministerio de Agricultura, se levantó la información que logró identificar la necesidad de construir una infraestructura que permitiera la buena recolección y almacenamiento de agua proveniente de la lluvia. El círculo del agua consistió en reunir un grupo de gente que se dedicaran a hacer diseños para agua, allí se desarrollaron dos aspectos principales: el consumo de agua para escuelas y el riego en sistemas de pequeña escala.

“Mejorar las posibilidades de abastecimiento para consumo y riego de las veredas priorizadas de Montes de María” se convertiría entonces en el objetivo principal de este proyecto que Fundación Semana y APC-Colombia, junto a aliados como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y Ayuda en Acción, hicieron posible.

Santa Clara, El Bálsamo, Camarón y Espiritano en Carmen de Bolívar, así como El Chengue en Sucre fueron las poblaciones escogidas para realizar los primeros pilotos. 184 familias beneficiadas con los diseños de esta infraestructura y 56 familias beneficiadas con la implementación de los sistemas de agua, hicieron parte de la meta final del proyecto. Acueductos para veredas, sistemas de agua para escuelas y ampliación en acueductos de zonas semi-urbanas de Camarón y El Chengue, fueron entonces los 10 diseños realizados como parte de la iniciativa.  De estos, cuatro fueron implementados, dos en consumo en la Escuelas de Santa Clara y el Bálsamo, y dos en riego, ubicados en Santa Clara y en Espiritano.

Llegamos hasta algunas de las veredas donde el sistema de agua ya está beneficiando a la población. El sistema consiste en un tanque de 50 metros cúbicos que almacena el agua lluvia recolectada a través de los techos por una canal y que luego llega a los tubos de primeras aguas que atrapan las impurezas que trae en el camino. El agua se recolecta durante los días de lluvia y se almacena durante las épocas de sequía. 

La población puede entonces abastecerse del tanque durante todo este tiempo a través de las salidas que se encuentran a un lado y arriba de él, donde están los paneles solares que permiten el bombeo del agua a los tanques elevados. El proyecto, además, elaboró una cartilla donde entrega todo el conocimiento y el paso a paso de la construcción para que los mismos pobladores de apropien del sistema y puedan replicarlo.

“Un aporte muy grande que deja esta intervención inicial es cómo tipificar la experiencia, en su máximo posible, para lograr el desarrollo de sistemas como estos en otras partes del país”, afirma Alejandro Gamboa, director de APC-Colombia.

En la casa de Eligio y sus vecinos, la vida es diferente desde que se instaló uno de los sistemas de agua, con orgullo nos muestra cómo funciona el sistema, cómo este ha traído el agua a su casa, él ya ha medido los tiempos de recolección y sequía, ya sabe cuánto deben usar para que el agua dure hasta el próximo “sereno”, sabe cómo sacar el agua y cómo limpiar las canales para que el líquido que llegue a sus hijos sea el más limpio. “Esto ha sido lo mejor que me ha pasado, buscando agua perdíamos todo el día, teníamos que recorrer de 3 a 4 horas diarias para llegar a las fuentes y luego volver, no nos dejaba tiempo de nada. Ahora estamos felices, tenemos el agua aquí al lado, nosotros mismos la cosechamos y todos las familias que viven cerca pueden utilizarla, ha sido una transformación muy grande para todos”.

La visita a este lugar nos demostró cómo la comunidad de El Salado ha sido ejemplo para todos, por su resistencia, por querer retornar, por construir sobre los escombros y por su impulso por transformar a su comunidad de forma positiva. Este proyecto, realizado gracias al apoyo de las Contrapartidas de APC-Colombia, demuestra que las alianzas poderosas pueden llevar cambios increíbles a poblaciones que luchan a diario por ser escuchados. Ser parte de esa alianza, hacer que estas ideas pasaran del papel a la realidad es la mayor recompensa al trabajo que seguirá haciendo la Agencia por y para los líderes del país y sus comunidades. 

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