Experiencias de paz con sello colombiano

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Lunes, Agosto 22, 2016

Aquellos que aseguran que una comunidad sola no puede cambiar su historia, claramente no ha visitado nunca San Andrés de Tello. Este municipio ubicado a hora y media de Neiva, capital del departamento del Huila, es un ejemplo de cómo la violencia pierde la pelea cuando el deseo de superarse está de por medio.

Experiencias de paz con sello colombiano

Casas de color amarillo, blanco, verde y azul decoran las calles que impresionan por su extrema limpieza. Incluso en las partes no pavimentadas, no hay una sola señal de desorden o basura. Un ejemplo de cuidado y respeto que más de una ciudad en el país podría replicar. Lo curioso es que hace menos de 25 años, lo único que rondaba por las cuadras era caos y guerra.

En la época de enfrentamientos entre liberales y conservadores, San Andrés de Tello fue quemado de esquina a esquina. En los años siguientes, el descontrol llegó a tal punto que la insurgencia sacó a la policía del puesto de mando. No había nadie que garantizara la seguridad de sus habitantes. La plaza era el epicentro de borracheras, peleas y revueltas, obligando a familias enteras a resguardarse en sus casas para no ser un daño colateral en medio del conflicto.

Pero vivir con miedo no es una cualidad de los sanandresanos del Huila. Decididos a retomar el control del pueblo y de sus vidas, en 1992 un grupo de campesinos liderado por Gildardo Vera, conformó la primera Asociación de Juntas, que buscaba unir a las diferentes veredas bajo un mismo manual de convivencia que trajera paz a la región. Viajaban todos los días a lo largo y ancho del territorio explicándole a la gente la necesidad de organizarse en pro del bien común.

“Si no nos organizábamos íbamos a convertirnos en extranjeros en nuestra propia tierra”, explica Gildardo con la satisfacción del deber cumplido. Por medio de normas y sanciones económicas y de trabajo social, poco a poco volvió la tranquilidad a las calles. “La gente pagaba multas de $200.000 por infracción, cuando llegaban hasta el millón, se daban cuenta que les salía más barato portarse bien y así se ajuició a la gente”, comparte Jorge Vaquero, miembro de la Junta de Acción Comunal.

Con el pueblo unido y organizado, el segundo y más difícil reto apareció con la llegada del Ejército a “retomar la zona”.  Uniformados empezaron a tomarse la plaza, convencidos de que podían imponer su ley.  Para su sorpresa, ningún sanandresano se sometía a sus reglas, pues ellos solo se rigen bajo las normas inscritas en los manuales de convivencia. Empezó un conflicto de intereses que llevó a los miembros de la Asamblea a querer formarse en el tema de Derechos Humanos.

Con el apoyo de Plataforma Sur, una organización social que acompaña procesos comunitarios en el sur colombiano, y la Defensoría del Pueblo, Gildardo y su grupo de acción comunal se convirtieron en gestores humanitarios y comenzaron a reclamar y hacer valer sus derechos. La respuesta del Ejército en palabras de Jorge fue “comenzar una persecución, tildarnos de guerrilleros y marcar a San Andrés de Tello como zona roja”.  Pero su deseo de trabajar su tierra y vivir tranquilos resultó ser más contundente que cualquier amenaza.

Siguieron con su labor, denunciando cada acto ilegal y documentando su gestión, lo que con el tiempo obligó a que el Ejército los dejara tranquilos. “Nos dedicamos a hacer el trabajo de conciliación con la comunidad y fue así como se acabaron los problemas. Todo lo maneja la Junta de Acción Comunal sin ayuda de ningún externo”, explica Gildardo. Su labor mantiene unida a la comunidad, que quiere y respeta cada cuadra de su municipio.

Así lo demostraron durante la visita que representantes y líderes sociales de Huila, Tolima, Putumayo, Norte del Caquetá, Sur del Meta y Cundinamarca, realizaron a este municipio el pasado mes de mayo. Lo hicieron como parte del intercambio de experiencias territoriales Col-Col entre los Programas de Desarrollo y Paz de HUIPAZ y TOLIPAZ, gestionado por la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia, APC-Colombia, que logró su cometido. El de acercar a actores locales, que a pesar de encontrarse en regiones diferentes, tienen desafíos comunes en materia de paz y desarrollo sostenible.

Miembros de la Asociación de Mujeres de Chaparral por la Paz, de la Red Juvenil Compaz, de Aprobocal, Aroma de Mujer, Asopeprom, Coovida, Pura Vida, Asociación Ecochamánica, Tolipaz y Huipaz, encontraron en los testimonios de vida de Gildardo, Jorge y más sanandresanos, una motivación más para seguir trabajando en sus propios proyectos de pedagogía para la paz, productividad y defensa de los D.D.H.H.  Fueron testigos de cómo el conflicto sí puede desaparecer de las calles, de cómo una comunidad unida es más fuerte que cualquier arma, de que la paz sí puede ganarle a la guerra.  Escuchar las historias de conciliación de San Andrés de Tello, el ímpetu con que sus habitantes desempeñan la labor de gestores humanitarios, fue una estimulación para que cada uno de los visitantes compartiera su experiencia en desarrollo sostenible, y sus deseos de construcción de paz.  

“El Huila es un cruce de caminos entre el sur y el centro del país. Tenemos muchas historias en común. Si bien la guerra ha sido una de ellas, la resistencia también lo es”, dice Belén Alarcón, co-directora de Huipaz y Plataforma Sur. Por esta razón, todas las experiencias compartidas durante este intercambio, son ahora el insumo para elaborar un plan de trabajo conjunto denominado Plan Nodo Sur, que servirá de referente para la construcción de paz en el sur del país.

 “Si hemos logrado tanto en tiempos de guerra, lo que haremos en tiempos de paz será impresionante”, complementa Belén.

 

 
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